Sólo una persona me conoce realmente. Sólo alguien puede jactarse de apreciar mis cualidades y justificar mis debilidades, incluso mejor de lo que yo mismo suelo hacerlo.
Nadie más que tú ha logrado escarbar dentro de mi sobria personalidad, ningún otro ser ha podido ver más allá, nadie logró ingresar a aquel lugar en el que yo mismo a veces me pierdo. Aquel lugar prohibido, sumiso en lo más recóndito de mi alma, si es que tengo alguna. Aquel lugar olvidado, que reclamaba una caricia, un suspiro, que lloraba a escondidas para no ser olvidado, que esperó pacientemente un largo tiempo sin más regocijo que la ilusión misma, ilusión que lleva ahora tatuado tu nombre como muestra de su sempiterno compromiso.
Sólo tú sabes lo que en verdad siento, sólo tú te burlaste de los obstáculos que yo consideraba infranqueables… ¡y vaya que amé dicha burla! Y no tienes idea de cómo amo cada tenaz célula de tu cuerpo que se aferraba a mí en busca de un poco de pasión, pasión que yo me negué a aceptar, cegado por razones que tú misma te empeñaste en soslayar.
Nadie más que tú supo encontrar todas y cada una de las llaves necesarias para abrirse paso entre todos los prejuicios y negaciones. Ningún otro ser ha llegado a conocer a aquel dulce y sensible niño, que con una mirada tuya se siente en el mismo limbo; aquel ingenuo ser a quien poco le importa que la felicidad sea pasajera, pues está dispuesto a apreciar cada momento a tu lado como el último, como el único, porque así se lo enseñaste. Porque no sabe hacer otra cosa. Porque es todo lo que me queda al ver derrumbadas aquellas murallas que impedían el acceso a mi verdadero ser tiradas abajo por ti. Aquellas murallas que construí durante tanto tiempo, guardando celosamente el secreto de su vulnerabilidad. Secreto que tú, de alguna manera, pudiste descubrir. Y no te reclamo absolutamente nada, al contrario, te agradezco mil veces, una por cada día que supiste resistir y abrazarme mientras me susurrabas aquellas palabras que sólo tú y yo sabemos.
Sin embargo, la verdad es que me encuentro solo, sentado, escuchando el famoso tercer Liebesträume, soñando con aquel amor maduro e incondicional que profesó Liszt, pensando en la promesa que se deja oír claramente entre todas las notas, arpegios y escalas. Pensando en que algún día, podré dedicarte estas líneas, podrá este texto tener tu nombre plasmado y podré dedicarte un par de lágrimas, como hasta ahora nunca lo he hecho.

Y yo creo sabes cuál es su nombre.
ResponderEliminarMuy hermoso =) has escrito con el corazón. Para mi sólo este tipo de palabras valen como escritos. Está hermoso Johnny.
ResponderEliminarConcuerdo con Melanie has escrito con el corazón,eso es algo admirable,cuando dijiste que no sabía que hacías al poner esto,pues bueno,no saber que hacemos es natural,a veces nos dejamos llevar instintivamente.Realmente hermoso,me quito el sombrero.
ResponderEliminar@Anónimo: No, la verdad no sé su nombre.
ResponderEliminar@mel: Gracias Melanie, es la primera vez que hago algo así y la verdad hasta me ha gustado.
@Srta Gómez: LA HORAAAAA
El tigre te sigue.
ResponderEliminarA la primera persona...
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